LA TIERRA DE THAHT (LA TERRA DE THAHT)

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FRAGMENTS DEL LLIBRE

LAS ANDROIDES DE ÏSH
La ínsula de Ïsh está habitada por una especie parecida a las amazonas, a medio camino entre mujeres guerreras y robots. Las dirige una de las más bellas mujeres de Raga: Nerol, hija de Hyeronnimo. Ésta, es el vinculo entre el personal de la «Village», los extranjeros que trabajan durante el día en la ínsula pero, que hacen noche en la plataforma de guerra y los engendros autóctonos de la isla.
La plataforma de guerra «Village», perteneciente a la flota de Voskia, con base en la ínsula de Ïsh, es la nave designada desde hace 120.000 años para preservar la paz en la Tierra de Thaht. En la actualidad la plataforma de guerra, cuenta con tres cúpulas y está anclada de forma permanente en la cumbre de una montaña cercana a la playa. Puede verse en días muy claros desde el Delta del Dit. He oido decir que cuando se instaló de forma definitiva las androides del pueblo cercano protestaron energicamente alegando que esa presencia era peligrosa y que no estaban dispuestas a consentirlo. Más tarde el gobierno voskio consiguió la aprobación de las insulares haciéndoles creer que sólo era un simple edificio dedicado única y exclusivamente a servicios hospitalarios.
La ingeniería de nuevas generaciones otorgó resultados negativos para las androides que sufrireron grandes derrotas ante ejércitos organizados por usar tácticas muy primitivas. Se sabe que en el ataque a la insula de Ïsh el profesor Ingoo hizo rebuznar al camedrario que montaba y las androides quedaron heridas de gravedad en sus células auditivas, emprendieron la huida en total desorden y siendo presa fácil para los francotiradores mauss-nassay... no mucho más tarde, Voskia atacaba y vencía a los molokvaïches y mauss-nassay en Punta Denizella con la ayuda de numerosas androides de la isla y otras recuperadas en el continente y luego desembarcadas junto al ejercito invasor. La batalla no fué larga, pero en el transcurso de los combates las armas químicas y biológicas de los seguidores de Ingoo causaron muchas bajas a sus oponentes. Decimos que no duró mucho tiempo el enfrentamiento, y es verdad que duró sólo el tiempo suficiente para que el profesor robara el secreto de las androides, un detallado informe para la fecundación de hembras kuaï y mauss-nassay que había sido olvidado por algún científico en un banco de memoria de la ínsula.  Al final llegamos a la triste conclusión que el informe secreto se puso en práctica y que las insulares fueron utilizadas durante mucho tiempo sólo para regenerar a la raza kuaï, para la clonación del contingente Dekta y para otros experimentos que jamás conoceremos...
Hoy Ïsh es un territorio invadido y controlado por extranjeros que no tienen el menor interés en que las actuales androides vayan engendrando nuevos seres y que las unidades más viejas continuen degenerando en máquinas sin control que se atreven incluso a desarrollar experimentos o proyectos que por accidente se les dejó en sus bases de datos o discos de memoria. La ínsula posee además de un sinfin de laboratorios, silos, almacenes y un parque protegido para animales y plantas en extinción. La especie estrella, los «drakko», unos grandiosos animales que adiestrados son una importante fuente de ingresos para las androides. Alterados quimicamente, estos animales, se convierten en dóciles monturas que son adquiridas por caprichosas y adineradas voskias y a la vez constituyen un recurso militar de vital importancia para las insulares.

Barcelona, 13/octubre/2004
Estos fragmentos publicados en este blog, pertenecen al libro "Erep en la tierra de Thaht". Si quereis un ejemplar del mismo podeis escribir a figuramas2@gmail.com

VERDI 30 por Raïm de Xerès
Barcelona, 13/octubre/2004

Hoy he descubierto un nuevo territorio del que muy pocas personas tienen noticia. Una tierra que no consta en ningún estudio geográfico ni aparece en los mapas y de la que ni siquiera hay referencias históricas en bibliotecas o bancos de datos. Un mundo perpendicular al nuestro en el que muy pocos tendrán acceso. Un mundo desconocido que responde bajo la denominación de «Tierra de Thaht» en el cual se reproducen nuestros recuerdos y se vuelven a repetir las mismas escenas que uno ya ha vivido, se repiten como rebotes de balón, como un simple eco, como incansable disco rayado pero, en todos los casos con una percepción siempre distinta, con una óptica muy diferente que nada tiene que ver con la escena original... no tengo palabras lo suficientemente técnicas para explicar este fenómeno. Me veo incapaz de aclarar esta sensación que creo agradable y a la vez tan intrigante, que incluso genera temor y respeto.
Percibo unos olores conocidos y un ambiente que se me antoja festivo, aquí, en la Vila de Grácia. Los decorados de las calles todavía no están terminados. Veo a los vecinos de las distintas calles con la prisas de última hora. Faltan muy pocos minutos para que la Fiesta Mayor comience y ya nada para que el jurado que va a dar la puntuación aparezca y decida a que calle le otorgan el honor de ser la vencedora, la mejor, la más brillante.
Me había levantado a las siete, para mí es muy tarde y me apresuré a salir de casa. ¡Eran ya las siete y media! iba con el tiempo muy justo para llegar a la hora al trabajo... mientras atravesaba calle tras calle, fuertes olores a pegamento, pintura y pátinas diversas se entremezclaban con el olor de una parrillada, seguramente punto final y recompensa por el trabajo de engalanar una calle para el concurso, se trata de una de los primeros almuerzos de hermandad de las fiestas del barrio.
Caminaba sin pausa a buen paso y al girar la primera esquina... me topé con una belleza sin par. La reconocí de inmediato, ella estaba cerrando la puerta de su casa, una de esas casas de una sola planta con jardin en la parte trasera, terraza, con puerta y ventanas a pie de calle, obra de un indiano que regresó a su Barcelona natal a finales del mil ochocientos. Noté de nuevo aquel insólito conjunto de perfección que se recreaba siempre en su entorno. ¡Era ella!... Ajustado pantalón tejano, chaqueta corta, pelo largo, de piel morena y ojos grandiosos... ¿Tarm? pregunté... ella dió una última vuelta a la llave y levantó la mirada, estaba confusa, no recordaba, no sabía quién era... ¡Reaccionó! una sonrisa delató su alegría y exclamó extendiéndome sus manos: ¡...Erep! ¡Hace muchos años que no sabía nada de tí!... desde aquel día que entraste en aquel iglú de cartón piedra y ya no volviste a salir... esperé durante toda la fiesta mayor y luego, cuando desmontaron el decorado no comprendía que había sido de tí, Erep....
Y así, mientras cogía sus manos mi mente empezó a rebobinar la parte de la historia perteneciente a aquellos años tan felices de mi vida. Sí, aquellos años tan felices para nosotros que tan duros fueron para nuestros padres y abuelos que salían de una guerra y se enfrentaban a un futuro incierto de miseria moral en la que crecer iba a resultar un tanto difícil. Aquellos días en que la llegada de la sexta flota americana representaba una inyección importante de dinero para el bar de mis abuelos ya que los marinos llegaban con ganas de juerga y consumían de todo y en cantidades importantes. Llegaban uno tras otro acompañados de mujeres de la vida o de novias de turno en sendos taxis y nosotros, muy pequeños aún para comprender nada les abríamos las puertas de los vehículos en cuanto se detenían delante del Salón Verdi. Una sala de baile con una importante orquesta, digna de cualquier película musical. Los americanos alquilaban el salón de baile y allí se daba una gran fiesta. De pronto el bar Oro se llenaba de yanquis que para mí hablaban raro, no les entendía. Mi tio les hablaba igual de raro, en inglés de las colonias y yo me quedaba mirándole entusiasmado... ¡Alguien me había contado que Jhon Wayne hablaba igual! Eran muchos y destacaban de entre la gente a la que veía día a día, con sus uniformes blancos, pantalones acampanados y gorrillos de marino. Bebiendo como esponjas, en vasos largos, fumando sin descanso y emitiendo aquellas palabras tan extrañas para mí, porque los indios y los americanos que yo en realidad conocía eran los que veía en el cine y éstos, hablaban en castellano. Mientras afuera, el desfile solemne de taxis se hacía interminable. Ahora se detiene un taxi, salgo corriendo desde el bar y abro la puerta... «Que niño tan simpático» acostumbraban a decir las fulanas, «Dale una propina»... ¡Un duro de papel!... aquel extranjero no sabía lo que me estaba regalando por sólo abrir la portezuela del taxi... y todo gracias a esa mujer que barría para casa y camelando al militar le hacía derramar el dinero por allí donde pasaran. Se dibuja en el recuerdo aquel marino de color llorando y sus compañeros curiosamente blancos intentando animarle. Y la policía militar cargando a carretadas a todos los que ya eran más alcohol que marinos. Yo no llegaba a comprender porque aún seguían cantando y riendo si los acababan de detener. Y la fiesta continuaba.
Al lado del salón de baile había una vaquería, con vacas y en verano se tenían que abrir los ventanales para refrescar el ambiente, anécdota que hoy sería muy difícil de poder darse, así que el olor penetrante de la mierda de vaca invadía aquellos momentos mágicos en que los enamorados bailaban al son de un bolero romántico.
Me doy cuenta de que ahora me encuentro en otra dimensión y hasta me llega el recuerdo de aquellas chocolatadas en la calle Puigmartí durante la fiesta mayor. Miro mis manos llenas de chorreante chocolate y adivino por las risas de los mayores que mi cara también esta manchada, luego veo frustado el intento de limpiarme las manos porque hay más chocolate deshecho en la servilleta que en la taza. Y no hablemos de la mesa. Una larguísima mesa llena de chiquillos que aún siendo en su origen limpia, ahora estaba llena de grandes charcos de chocolate deshecho.
¿Te acuerdas Tarm de como era la fiesta en aquellos años?... Aquel Sant Jordi y su simpático dragón, la fuente de agua cristalina. Los tendidos de papeles, tiras, botellas, estrellas, esferas, de todo colgando uniformemente y en riguroso orden, uno después de otro... con los colores mezclados, con los colores formando grupos, formando figuras dentro de otras figuras. Y a pie de calle, enanitos, caracoles gigantes, animales antediluvianos, flores y hortalizas de gran tamaño en cartón piedra. Una calle, un decorado digno de cualquier obra de teatro o escenario en el que rodar una buena escena para el cine, para la posteridad, para el recuerdo.
Una calle con relajante colorido, llena de canciones en tonalidades de alegría. Una letra de Aute... si te dijera amor mio, que temo a la madrugada, no se que estrellas son estas, que hieren como amenazas, ni que sangra la luna al filo de su guadaña... nostálgico recuerdo de aquellos momentos de incertidumbre en que tras la muerte del dictador veíamos peligrar nuestra juventud... pero hoy estamos aquí, en el centro de la fiesta y con ganas de diversión... siento que tras la noche vendrá la noche más larga, quiero que no me abandones amor mio al alba. Porque hoy no será como aquella noche de incertidumbre, aunque sí será larga... y habrá de todo, no sentiremos miedo, no habrá lugar para la violencia, no pasaremos ni hambre ni sed, agotaremos toda la reserva y volveremos mañana con más ganas de fiesta.

Denunciar el maltrato a la belleza de los paisajes polares, ver las divertidas figuras de los pingüinos en lo alto del iceberg y la curiosidad que muestran por la pesca del paciente esquimal que espera sentado en un gélido bloque, caña en ristre, sin moverse, el oso que amenaza con sus afilados dientes, el iglú que en su interior esconde el acceso a la libertad, a la Tierra de Thaht, la morsa, allí en lo alto de la montaña de hielo... el polo diezmado. Esa palabra que reza libertad no es para esos animales que han representado los vecinos. ¿Y las focas? ¿No hay focas?...
¡No! ¡No hay focas!... las han aniquilado a todas, martillazo a martillazo, manchando de rojo el brillante hielo blanco del polo, martillazo a martillazo manchando de rojo el azul tan intenso del mar.
Por asociación, el mar y el agua de los lavaderos, las estelas de sangre en el oceano me traen el recuerdo de las guerras que representaba en los magnos lavaderos que había en la parte trasera del bar. Allí, los críos nos poníamos perdidos jugando con el agua estancada. Dos ejércitos de soldados de goma se enfrentaban con sus barcos confeccionados en corcho, madera y papel. Todavía aún llegan a mi olfato las fragancias de los jabones que se utilizaban en aquella época, el azulete que tirábamos al agua cual si fuera una carga de profundidad y la estela que dejaba desde el impacto en la superficie hasta su llegada al fondo, los gatos que merodeaban por el patio y la chifladura por las cerillas que utilizabamos como munición. Una cerilla había sido lanzada certeramente y un barco empezaba a arder. ¡Éramos unos incendiarios de cuidado!... Las velas y la cubierta de la nave estaban ardiendo y los soldados empezaban a fundirse en medio del incendio. ¡Estaban perdidos!...y el pestilente olor a goma quemada nos delataba... ¿Qué és este olor? era la voz de mi abuela... ¿Qué estais quemando algo?... ¡Nooo! y rápidamente de un manotazo en el agua apagabamos la tragedia dando por terminado el peligroso juego naval y cambiando el rumbo, nos despistábamos jugando a futbol por el patio y los inmensos comedores de verano.
Los de Verdi ahora descansan tras la dura tarea de haber entarimado toda la calle convirtiéndola en un gran salón de baile. Mi abuelo ahora servía unos cafés y una copas a los de la peña del domino que sentados cada uno en su sitio y ajenos a lo que sucedía en la calle, continuaban con el importante torneo. Todavía recuerdo el repicar de las fichas sobre las mesas de mármol. Unos golpes eran del todo casuales, otros no. Se pasaban información unos a otros mediante golpes de ficha... como si fuera el telégrafo o un tam-tam que pasa noticias de una comarca a otra. Tenían un código muy amplio y sofisticado de señales, tanto acústicas como visuales. ¿Hacían trampas?... ¡No! solo se rascaban la oreja de vez en cuando, se pasaban los dedos por los labios, uno, dos, tres, todos juntos, por las cejas, la mano por la nuca, soplaban, silbaban...

Y mientras jugaban, desde detrás de la barra observaba detenidamente la partida mi tio-abuelo. Héroe de Africa que combatió con Millán Astray en la campaña del Rif... Se pateó todo el Africa, con cincuenta balas y no disparó ninguna. Nos contaba que la única baja que tuvieron fué por equivocación y que en cierta ocasión les dieron unas galletas durísimas como única comida. Las galletas eran tan duras que por miedo a perder los dientes las tiraban por el camino. Las tiraron todas y pasados tres o cuatro días de marcha, el hambre empezó a corroerles el alma y cuando ya no pudieron aguantar más, desandaron lo andado durante esos días y recuperaron todas las galletas. Por la noche hicieron una sopa que supo a la tropa mucho mejor que un banquete... Mientras comía la sopa de galleta, mi tio dijo -¡Es como si estuviéramos en una cena de hermandad en la fiesta mayor de Gracia sólo que aquí no hay calle, solo arena y palmeras!-

Han pasado muchos años, nuestros héroes han pasado a mejor vida, la ciudad se ha transformado, solo nos queda esperar años mejores y... volver a Gracia algún día a esperar la última hora. Morir en mi Verdi, allí donde la infancia nos fué tan generosa.

Han desmontado todo el decorado... el iglú ya no está. Hemos perdido el único vínculo conocido hasta hoy con la tierra de Thaht. El acceso ha desaparecido, solo queda el esquimal y parece que vá a marcharse de un momento a otro.
¿Oiga, aquí no había un iglú? ¡¡¡Nos hubiera gustado entrar!!!
El esquimal nos miró extrañado y respondió -Sí, había un iglú, pero ya lo hemos desmontado, la fiesta ha terminado y vosotros también.
¡Pero...! ¿Quién es usted?
-¡Muy sencillo!... Yo soy el final de la historia y esto es lo mejor.... ¡También soy el que vá a dar por terminada la vuestra!- Y dicho esto cerró la puerta del local donde había guardado todo el material utilizado en la fiesta y se disolvió con la lluvia que caía tímidamente sobre el asfalto.


L’ESTACIÓ DE MOLO per Raïm de Xerès
Barcelona, 13/octubre/2004
L’andana central es plena de gom a gom de soldats molo, tots i cadascun d'ells armats fins a les dents, l'estampa és aterridora i crida l'atenció el que sembla ser una dona-goril•la, envoltada d'altres molo que criden i gesticulen. Impressionant la imatge, d'aquest ésser dominant que atemoreix a la resta i que ensuma nerviosament l'aire. La mirava fixament amb curiositat des de l’altre andana i la nostra mirada va quedar enfrontada. Ni ella ni jo desviem la vista, Axxa es va empipar -Es pot saber a que estàs jugant?- No l'escoltava. Vaig veure amb tota claredat que llevava l'assegurança de la seva arma. M'estava apuntant mentre panteixava d'una forma molt preocupant. Jo, vaig començar a suar exageradament i per fi, vaig desviar la mirada. Com podia ser tan estúpid?… Perquè havia creat aquesta tensió?. L'oficial molo va colpejar el sòl amb el fusell sis o set vegades i va llançar un terrorífic crit. Va girar en rodó i mentre desapareixia entre la seva host vaig poder veure una espècie de tupida crinera que li baixava per l'esquena. Sortim de l'estació i ens endinsem pels carrerots mes propers. En una botiga de trastos vells ens esperava una de les grans fortunes de molo... el senyor Fong: «… Ja sou ací... quina agradable sorpresa, Axxa i companyia...»

La meva companya li va retornar la salutació i després em va presentar. El senyor Fong demostrava estar molt satisfet de la nostra visita i ens va dir que una hora d'entrevista li semblava poc. Axxa li va convidar que la cridés sempre que tingués una noticia per explicar i que també podía contar amb mi: «...Per descomptat senyor Fong, la Cúpula de Premsa està a la seva sencera disposició... només ha de posar-se en contacte amb mi o amb Axxa...» Ens seiem damunt d'unes catifes, ens van servir fruites, käkre (semblant al nostre cafè) i una espècie de pastissos amb sabor a mel i el senyor Fong va començar per explicar-nos la situació de Molo: «... Com ja auran vist, això és una zona molt pobra, estem a una considerable profunditat de la resta del pais, l'olor a floridura, rovellat i podrit, és un dels nostres grans problemes, no obstant això i malgrat la foscor, hem sabut defensar-nos de les perilloses musarascas (feres molt sanguinàries)... i com ja suposo que auran observat durant el trajecte, les granges de cotolíus (ocells) proliferen dia a dia, noves famílies s'instal•len en el mes profund del forat i a poc a poc anem guanyant territori... canviant el terreny salvatge en granja còmoda i segura... Estaran vostès d'acord?... -assentim amb el cap diverses vegades- ...Les nostres forces són les més efectives en terrenys pantanosos i abruptes, ara, ens estem preparant per a la invasió... Hyeronnimo ha estat insultat i Satankhay ens necessita... i per això anirem de cap a la guerra, per a castigar l’insult i per a obeir al nostre monarca...»

-Senyor, en l'estació -em vaig aventurar a preguntar- hi-ha un important nombre de guerrers que ara estan pujant al Transmolokvïan de càrrega, hem reparat en ells, fins i tot els hem tret unes instantànies... entre els quals semblaven manar hi-havia una femella... que per cert s'ha empipat amb nosaltres... -El senyor Fong, es va aixecar i ens va assenyalar un dels molts retrats que decoraven el recinte- «Maraia de Molo... els habitants d'allò més profund la criden així. Ningú sap qui son els progenitors de la criatura, ningú es va prendre la molèstia de desentranyar els seus origens. L'estat de misèria que es trobaven aquestes gents era tal que gairebé se'ls havia prohibit pensar en més enllà del proper àpet. Maraia, és un ésser sense tot just intel•ligència, està més prop del que vostès coneixen per mono que del molo mes endarrerit. Té tretze anys i ja és oficial superior, és de sexe femení, els seus ulls són grans, molt vius, el seu nas aixafat, la seva boca ampla, la mandíbula en tot i per tot igual a la d'un gorila i té el cos cobert de pèls negres, molt gruixuts, en els muscles i en l'esquena. És un exemplar que gaudeix de gran admiració entre els molo... en primer lloc perquè el seu instint animal és positiu per al nostre exèrcit i en segon lloc perquè a pesar de totes les adversitats, és una femella triomfadora i això agrada a l'electorat molo...»

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colla d'amics col·leccionistes de soldats de joguina